Fronteras

Fronteras

Hoy traemos el testimonio de un monitor que el pasado fin de semana participó en el Encuentro de Burgos:

«Hoy en día escuchamos continuamente hablar de fronteras. Construir muros entre las personas parece la prioridad de todo el mundo actualmente. En la sociedad burgalesa, sin embargo, nos encontramos con una ruptura de esta tendencia gracias a Atalaya Intercultural. Hace catorce años un grupo de personas, en Burgos, se sentaron frente a una mesa con una hoja en blanco y comenzaron a preguntar a los inmigrantes de su ciudad qué podían hacer ellos por facilitarles la vida. Atalaya Intercultural es hoy una asociación intercongregacional que aboga por la inclusión social de los inmigrantes en situación irregular que se encuentran en nuestro país, únicamente constituida por voluntarios.

Unos cuantos monitores de toda España pertenecientes a los grupos ACI hemos tenido la oportunidad de participar, por segunda vez en mi caso, en este increíble proyecto el fin de semana pasado. Esta asociación ofrece una gran variedad de actividades que tratan de abarcar todo el proceso de inclusión social: desde cursos formativos y de idiomas para adultos, hasta actividades lucrativas y apoyo escolar para los niños.

Personalmente no sabría muy bien describir qué se siente participando en esto. Ayudar a personas de tan distintas procedencias, de tan diversas culturas y con tan increíbles historias, de una manera tan cercana te hace darte cuenta de lo iguales que somos entre nosotros. Cuando una persona es tan vulnerable como un refugiado o un inmigrante sin papeles se convierte en su mínima expresión. Es algo que al principio no entendemos los voluntarios: que sigan teniendo tantas ganas de luchar a pesar de todo lo que han tenido que pasar, que sigan manteniendo sonrisas amables y que incluso los niños sean tan agradecidos es algo que nos extraña. Sin embrago, creo que está directamente relacionado. Estamos hechos para vivir y querer vivir y cuando nuestro espíritu es doblegado por las circunstancias, al final solo queda eso, las ganas de luchar por una vida mejor, para ti y para los tuyos, en un mundo en el que nadie se preocupa por ti. Conocer a estas personas, ya sea dándoles clases de español o ayudándoles con los deberes de matemáticas, ya tengan 10 o 60 años, cambia por completo el punto de vista de una persona y puedo decir que es algo que se debe vivir para poder comprenderlo. En mi experiencia he conocido a verdaderos supervivientes de un mundo que no está hecho para todos y que nos enseñan que todos somos hermanos realmente, con todo el significado que esta expresión lleva implícito.

La posibilidad de colaborar con Atalaya, en mi opinión, no puede ser mejor experiencia para los voluntarios de los grupos ACI. Durante el fin de semana, además de organizar actividades con los niños, hemos hechos talleres de concienciación sobre la inmigración, la explotación laboral en países pobres y sobre la sobreexplotación de recursos naturales. Creo que este debe ser uno de los principales objetivos de los grupos ACI. Cuando mi grupo de niños me pregunta por qué voy todos los viernes a hacer actividades con ellos les respondo que es porque tengo la esperanza de que algún día cambien el mundo. Mi intención es hacerles ver los problemas a los que se enfrenta nuestra sociedad y qué cosas, por pequeñas que sean, pueden hacer para cambiarlas. Quiero que sean conscientes de que cambiar el mundo puede estar en su mano si de verdad quieren aunque, hoy en día, mantener esta idea en la mente de personitas que están creciendo no es nada fácil.

De esta experiencia me quedo con una frase: “El verdadero cambio sucedió cuando dejaron de ser números y pasaron a ser rostros, personas e historias”. La dijo Esther, una religiosa Esclava del Sagrado Corazón de Jesús que lleva colaborando con la organización casi desde sus inicios y creo que no puede representar mejor la motivación de este proyecto. Animo a todo el mundo que esté dispuesto a cambiar el mundo a participar en él, involucrarse y aprender.»

S. R.

 

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