Las personas antes que las fronteras

Las personas antes que las fronteras

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LAS PERSONAS ANTES QUE LAS FRONTERAS

En la vida hay algo que nos hace crecer como personas y que nos educa para poder involucrarnos en nuestra sociedad, en nuestra casa. Esto son las experiencias, que independientemente de cuánto duren, si nos llegan al corazón nos servirán para toda la vida.

Los Campos de Trabajo de Atalaya son una de esas experiencias. La misión que tienen sus voluntarios: algo tan simple pero tan importante como hacer felices a niños de diferentes culturas, cuyas historias e infancia nos hacen ver la fuerza y valentía interior que tienen. Sin embargo, la inocencia de sus miradas te remueve por dentro y te hace abrir los ojos y comprender que el mundo es de todos y que la fuerza de la humanidad supera la de cualquier frontera.

Teresa Guittart (Cádiz)

SER VOLUNTARIO EN ATALAYA

Siempre se dice que lo que hace enriquecedor un voluntariado es el hecho de darlo todo desinteresadamente, para recibir todo eso y más. Pero lo más enriquecedor de esta experiencia son los numerosos aspectos que abarca. Es una experiencia personal y social, con niños y con adultos, espiritual hacia dentro y para fuera. Son dos semanas de celebrar la vida y educar la mirada, de redescubrirse y de valorar cada sonrisa y cada gracias.

Una experiencia que igual comienzas solo o en un pequeño grupo, pero que acabarás en familia; rodeado de un grupo que ha decidido dar su tiempo a la misma causa que tú y eso es más fuerte que cualquier barrera de procedencia o edad.

Una vez pasados los 15 días, te das cuenta de que no acaba ahí. Eso era solo el comienzo, el despertador,  una llamada de atención para abrir los ojos y movernos a ser TIERRA DE ACOGIDA en nuestro día a día.

Cristina Sánchez (Santander)

ENSEÑANDO ESPAÑOL

Una sensación de vértigo te inunda cuando te enfrentas a un grupo de adultos que ha de aprender español, algo tan básico como imprescindible. Sensación vertiginosa por tener adultos de muy diferentes edades, culturas, situaciones e historias… No sabes bien qué esperar de ellos, ni tampoco de ti misma, sin embargo llegas y todo fluye… Se esfuerzan cada día por aprender, por hacerte sentir como una más. Se respetan, se ayudan y se comprenden y también a ti como profesor. Te hacen partícipe de su vida, se interesan por ti y por tu cultura pero también porque tu conozcas la suya y la de sus compañeros.

Es intenso pero efímero a la vez, te enseña las dos caras de la misma realidad, realidad que termina por hacer que tu mundo se tambalee para prender una llama en ti que marcará, sin que apenas te des cuenta, el rumbo que de ahora en adelante le quieres dar a tu vida sabiendo qué posición ocupan los demás y, sobre todo, qué posición quieres ocupar tú.

Silvia Fernández (A Coruña)

ECHANDO LA VISTA ATRÁS…

Atalaya es una experiencia rara. Hablando con total sinceridad, el primer día no entendí qué se me había pasado por la cabeza cuando decidí dedicar 15 días de mis vacaciones de verano a ayudar a inmigrantes en Burgos. No obstante, ahora pienso que el haber ido es la mejor elección que podía haber tomado.

Conocer la realidad en la que viven tantos inmigrantes en nuestro país te cambia tu visión de ellos y de nuestro modo de vida por completo. Comenzar a involucrarse es quizás lo más complicado, pero una vez que empiezas a conocer las historias de cada uno de ellos, sus vidas, sus recuerdos, sus aspiraciones e incluso sus miedos es imposible mostrar indiferencia. Tanto las clases de español para adultos como el campamento con los niños están diseñados para que intentemos enseñarles cosas y, sin embargo, lo que les enseñamos no se acaba ni acercando a todo lo que nos enseñan ellos cada día.

Podría contar muchas anécdotas de esta experiencia pero creo que es necesario vivirla para saber cómo reaccionarías. Sé que suena a tópico pero realmente pienso que es algo que hay que vivir, es algo que cambia tu forma de ver el mundo y las fronteras, así como las limitaciones que nosotros mismos nos autoimponemos.

Si tuviese que elegir un sentimiento que resumiese esta experiencia sería orgullo. No orgullo por haber ido a Atalaya y superar los 15 días, sino orgullo por la gente que he conocido. Gente tan fuerte que a pesar de haberlo perdido todo en sus países de origen vienen al nuestro en busca de una oportunidad para poder empezar de 0. El hecho de que continuamente les neguemos esta oportunidad a muchos de ellos es algo que me horroriza. Creo que la gente debería comenzar a involucrarse más en este tipo de experiencias para entender mejor el mundo en el que vive y las cosas que hay que cambiar.

Mi consejo para alguien que se esté planteando ir a Atalaya es que lo haga y que trate de empatizar al máximo con cada persona que conozca allí, porque cada una tiene un mundo que enseñarle.

Sergio Peñamaría (A Coruña)

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